Traumatismos de la Columna y la Médula Espinal o Traumatismo Raqui-Medular

 

Los traumatismos que lesionan a la columna vertebral y la médula espinal son de creciente frecuencia y determinan una causa importante de invalidez y enormes daños para la vida del individuo y del conjunto de la sociedad. Esto se debe principalmente a los accidentes automovilísticos y a los relacionados a cierto tipo de actividades laborales y deportivas.

La mayoría de los casos son pacientes jóvenes quienes tras el accidente sufren un cambio radical y a veces irreversible en sus vidas y en las de sus cercanos.

Aproximadamente 85% de los casos son hombres la mayor  incidencias está entre los 15 y los 28 años. La mayoría ocurre entre las 12 de la noche y las 5 de la mañana, con un segundo pico en la mitad tarde.

El nivel más frecuente de trauma es la región cervical media baja (C5-C6). El siguiente lugar es la unión toracolumbar. Estos dos niveles coinciden con las áreas de mayor movilidad de la columna espinal.

 

 

¿En qué consiste?

 

El trauma raquimedular abarca simultáneamente las meninges, los vasos sanguíneos y el tejido nervioso.

Las características del trauma son multifacéticas y se pueden relacionar con los siguientes cuatro aspectos:

a. cambios de la forma de la médula

b. hemorragia y daño vascular

c. cambios estructurales en la sustancia gris y blanca

d. respuesta bioquímica secundaria al trauma.

 

¿Cómo se diagnostica?

 

La apreciación clínica del equipo médico y para-médico es esencial e imprescindible para la sospecha y la correcta interpretación de los exámenes de imágenes complementarias. 

Aproximadamente el 20% de los traumas vertebro-medulares son múltiples. La mayor atención debe ser dirigida a los sitios más comunes de trauma: área cervical baja y unión toracolumbar.

Se define clínicamente la inestabilidad como la pérdida de la capacidad de la columna de mantener las relaciones entre las vértebras de manera que no se produzca daño o irritación de la médula o a las raíces y, además, que no se produzca deformidad. Se ha visto que de un 10% a un 20% de todas las luxaciones y fracturas no fusionadas de la columna cervical son inestables.

Los exámenes iniciales básicos en todo trauma vertebral son las radiografías de toda la columna. En la mayoría de las situaciones, ante una sospecha tras el examen clínico y la radiología simple se deberá realizar un escáner y/o una resonancia magnética de las zonas afectadas, especialmente si se sospecha una lesión medular.

 

¿Cuál es el tratamiento?

 

El tipo de tratamiento dependerá del tipo específico de traumatismo y de sus consecuencias, sin embargo existen puntos básicos que son comunes a al terapia de todos ellos:

 

Manejo inicial en el sitio del accidente y en el Servicio de urgencia

 

Se debe tener presente siempre el contexto global del paciente, sus signos vitales y su estabilidad general. En lo referente a la sospecha de trauma caqui-medular, en un  principio la inmovilización y la prevención de los movimientos es la esencial, especialmente en pacientes con compromiso de conciencia secuandarios a trauma craneano o a compromiso general.

 

Tratamiento médico inicial

Cuando existe compromiso neurológico, se deben administrar ciertos medicamentos, tan rápido como sea posible. El esquema más comúnmente utilizado incluye la administración de esteroides endovenosos, en algunos casos que cumplen ciertos criterios; analgesia e hidratación endovenosa.

 

Una vez identificada la lesión a través de los exámenes complementarios, se puede requerir un tratamiento mpedico ortopédico que consiste en estabilizar con órtesis y tracciones la columna vertebral. Esto puede requerir sólo reposo, aplicación de órtesis y/o fijaciones y tracciones externas para reducir angulaciones o compactaciones y alinear inicialmente los segmentos dañados.

 

Tratamiento quirúrgico

 

En algunos casos se deberá recurrir a tratamientos con cirugía para solucionar de la mejor manera posible las alteraciones de la columna vertebral y las lesiones neurológicas presentes o potenciales secundarias al traumatismo.

El tratamiento quirúrgico está indicado especialmente a las lesiones de menos de tres semanas. Esto se ha establecido porque los intentos de descompresión y estabilización después de tres semanas, usando las técnicas habituales, pueden fallar como resultado de la fusión espontánea del hueso y los tejidos blandos.

 

Los procedimientos quirúrgicos siempre deben combinar descompresión de la médula espinal, realineando la columna (y sólo cuando sea necesario retirando huesos, tejidos blandos y cuerpos extraños del canal) con estabilización de la columna mediante el uso de injertos óseos, tornillos o barras. La fusión permite mantener alineada la columna y evita dolor y deformidades tardías.

En algunas ocasiones, a pesar de una pérdida neurológica completa e irreversible, se deberán realizar cirugías de fijación para mantener la estabilidad de la columna y permitir los movimientos en las personas que se vuelven dependientes de terceros para realizar sus actividades básicas.

 

Otras cirugías que a veces se deben realizar comprender cistostomía (derivativa desde la vejiga en casos de lesiones que comprometan el esfínter urinario); gastrostomía (derivación externa a nivel del estómago para permitir la alimentación en algunas lesiones cervicales altas); traqueotomía (derivación para ventilación a nivel de la tráquea en lesiones cervicales altas).

 

¿Qué especialistas manejan las lesiones por trauma caqui-medular?

 

Estas patologías involucran una amplia gama de especialistas de diversas áreas. Suelen ser cabeza de estos equipo neurocirujanos y traumatólogos dedicados a columna en la etapa inicial. Son fundamentales en el manejo óptimo la participación de neurólogos, fisiatras, kinesiólogos, terapeutas ocupacionales, psicólogos, entre otros, para llevar adelante pacientes muchas veces dependientes de terceros por largos períodos de tiempo, a veces en forma permanente.

La familia y el apoyo hacia ella es un pilar fundamental y tal vezx el más importante en el manejo de mediano y largo plazo en pacientes con secuelas de traumatismo caqui-medular.

 

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